jueves, 17 de mayo de 2012

PÍLLARO DE AYER Y HOY - Luis Lara Arcos




Título: Píllaro de ayer y hoy

Autor: Luis Lara Arcos (¿Píllaro, Tungurahua?)

Año de publicación: 2009

Edición: Auto-edición

Páginas: 99
 
Un pueblo que carece de historia es un pueblo sin perspectivas.
Las personas de Píllaro tienen su propia personalidad, se va forjando con el recuerdo de sus propios episodios, se hunden en sus raíces y se proyectan al futuro.
Quien no conoce el pasado no puede vivir el presente.
Píllaro es el eslabón del inhóspito, inexplorable donde está el tesoro más grande del mundo no descubierto "Los Llanganates" 
 
En el mundo hay lugares mágicos. No muchos, la verdad, un puñado, pero los hay. Lugares en los que los viajeros sienten algo especial en el ambiente, algo que los transporta más allá de la realidad cotidiana, del mundo físico que podemos ver y palpar todos los días, para sumergirnos en el mundo de las leyendas y de los sueños.
En mi todavía reciente estancia en Ecuador fui arrastrado a uno de esos lugares, los montes Llanganates. En realidad es incorrecto decir que fui arrastrado, pues llevaba años soñando con estas tierras, convirtiéndose en una parada obligada en mi viaje.
Píllaro, a primera vista, es una ciudad normal de la sierra, con sus parques, sus mercados y sus casas de hormigón, pero basta con entornar un poco los ojos para descubrir que esa normalidad no es más que un espejismo, que oculta mucho más.
Llegué a la ciudad siguiendo los pasos de su más ilustre vecino, el general de la resistencia inca Rumiñahui. Aproveché que en los primeros días de enero se celebra la popular tradición de la Diablada Pillareña para convencer a mi familia. Y la disfruté como un turista más. Baile y bebí como un diablo más, pero, ya de paso, me enamoré de su historia, de sus paisajes y sus gentes. Odio profundamente los tópicos, más aún si sin cursos, pero me dejé un trozo grande de mi corazón en la ciudad de Píllaro, en la provincia de Tungurahua. Eso y la promesa de regresar.
Sirva este canto a Píllaro de prólogo al libro que comentaré hoy, que no es otra cosa que un canto a esta ciudad. Volviendo a mi reciente viaje, conocí el Museo Rumiñahui, en la parroquia de San Miguelito, cerca del lugar de nacimiento del héroe pillareño. Al ser día lectivo no pude conocer a su conservador, el licenciado Luis Lara Arcos, si bien una de sus hijas tuvo a bien mostrarme las diferentes colecciones. Al final de la ruta me mostró un libro escrito por su padre, "Píllaro de ayer y hoy", donde narraba la historia del cantón. Desde el día anterior estuve buscando en librerías locales algo parecido sin ningún éxito, de forma que se me abrió el cielo al verlo y no pude menos que adquirirlo.
Lo cierto es que es una maravilla. Ya antes, en España, había conocido libros escritos y editados por pequeños historiadores como homenaje a su pueblo, pero nunca me habían transmitido tanta pasión por las pequeñas historias de su tierra como la que he encontrado en estas páginas. Y se nota que es un libro escrito con el corazón. No voy a engañar a nadie, no es un libro perfecto. La narración es un tanto caótica, como escrita por impulsos, a vuelapluma, y no le vendría mal una concienzuda corrección de los textos para que ganara en inteligibilidad, pero en sus escasas páginas es capaz de transmitir al lector toda esa magia que desprende esta tierra y de la que hablé al comenzar esta entrada.
Luis Lara nos habla en este libro de muchos aspectos de Píllaro. Nos habla de su historia, de sus personajes ilustres, de sus canciones, de su gastronomía, de su folclore, de sus leyendas y tradiciones, de sus encantos naturales, su flora, su fauna, sus lagunas encantadas, sus misterios...
He sentido algo parecido a lo que sentí al leer "El éxodo de Yangana", de Ángel F. Rojas: ser un miembro más de la comunidad. Y conseguir eso es privilegio de muy poca gente.
Mi recomendación final es que, si tienen la oportunidad, visiten Píllaro. Es una experiencia muy difícil de explicar.
Y, ya de paso, visiten el Museo Rumiñahui y háganse con este libro. Su lectura posterior les hará pensar que nunca se fueron.
 

lunes, 23 de abril de 2012

ENTRE MITOS Y FÁBULAS. EL ECUADOR ABORIGEN - Ernesto Salazar


Título: Entre mitos y fábulas. El Ecuador aborígen

Autor: Ernesto Salazar González (Cuenca, Azuay)

Año de publicación: 1995

Edición: Corporación Editora Nacional, Biblioteca General de Cultura, séptima reimpresión, agosto 2008

Páginas: 236
 
“Entre mitos y fábulas…” es un libro que aporta al debate que pretende esclarecer las cuestiones oscuras o confusas del Ecuador precolombino, problema agudizado en los textos escolares por el uso de fuentes obsoletas o de poca confiabilidad, que han contribuido más bien a ofrecer una imagen distorsionada de la vida precolombina. Efectivamente, este libro cuestiona el que los textos escolares actuales, desbordantes algunos de un saber inútil, se resistan a incluir en sus páginas el enorme aporte que la arqueología le ha hecho al país, al abrirle un panorama de 10.000 años de historia, y las importantísimas revelaciones de la investigación etnohistórica, hoy convertida en instrumento indispensable para el estudio del pasado inmediato a la conquista española.
“Entre mitos y fábulas…”, reedición parcial de “Mitos de nuestro pasado”, aparece con un 80% de materiales nuevos con respecto a su antecesor. En conjunto, sin embargo, sigue manteniendo su propósito didáctico y de divulgación entre estudiantes secundarios y universitarios, aunque hay temas, como los referentes al Reino de Quito o a la búsqueda de tesoros, que pueden ser de interés para historiadores, antropólogos y arqueólogos.
 
El de hoy es un post especial, y lo es por varios factores. Por un lado quiero adelantar algunos detalles sobre las próximas acciones que vamos a tomar en el blog y, por otro, quiero inaugurar una nueva categoría de entradas. Quiero empezar con este último.
A pesar de que, en principio, este blog está dedicado a la literatura ecuatoriana en todas sus ramas, hasta ahora no he comentado otra cosa que no sea narrativa. No descarto, en el futuro, comentar alguna obra de teatro, pero teniendo en cuenta que sólo podría acceder al texto y no a algo tan importante como sería la puesta en escena, mi comentario quedaría incompleta. Con la poesía no me atrevo. Será que no tengo los conocimientos suficientes sobre composición ni la sensibilidad necesaria para entenderla y explicarla (quizás me equivoque, pero creo que no sería justo criticar algo que desconozco y que, de ninguna manera, podría reproducir). De todas formas reitero lo que otras veces he dicho, si algún lector quiere enviarme algún comentario de la obra que sea, con mucho gusto se lo publicaré, ya sea como entrada nueva o como enlace a su propio blog. Recuerdo que mi cuenta de correo es freddytumbalobos@yahoo.es
Como decía, hasta ahora me he dedicado, casi exclusivamente, a la narrativa de ficción. Sin embargo, observando mi biblioteca compruebo que tengo muchos libros que hasta ahora no he comentado por no ser novelas ni cuentos. Me refiero a libros de historia (me apasiona la historia ecuatoriana), a biografías, a ensayos de todo tipo. Y, pensándolo bien, no veo por qué no comentarlos. Le he dado un par de vueltas a la idea y he decidido que lo voy a hacer, si bien con algunas diferencias respecto a las entradas del resto de libros. Por un lado, serán entradas más cortas donde evitaré muchos juicios. Aunque estoy seguro de que alguno se me escapará, en un ensayo de economía, por ejemplo, no veo que tenga sentido hablar de recursos literarios. Tampoco los puntuaré. Me limitaré a hablar de lo que cabe encontrar en sus páginas.
Así pues, voy a comenzar comentando un librito que compré sin esperar demasiado y que me ha resultado tremendamente interesante, “Entre mitos y fábulas. El Ecuador aborigen”, de Ernesto Salazar.
Para empezar diré que este ha sido un libro aguafiestas. Esperaba que fuese un texto que me contara las historias mil veces leídas del Ecuador prehistórico, pero bien ordenadas y justificadas. Quería que me hablara de los quitus y de los caras, de su cosmología, de cómo conformaron el fabuloso Reino de Quito, que se opuso, orgulloso, a los embates del inca desde el sur. También esperaba leer otra vez la historia de Atahualpa, el inca ecuatoriano, hijo de la última reina quiteña, que sólo quería defender la esmeralda de los caras de su ambicioso y cruel hermanastro cuzqueño… Y sí, habla de todo esto, pero desde un punto de vista menos sentimental y nacionalista y ajustándose más a las pruebas arqueológicas. El autor dedica toda la obra a plantear objeciones contundentes a lo que han afirmado durante años los libros de texto ecuatorianos, los cuales se han ceñido casi en exclusiva a lo que escribió el historiador Juan de Betanzos, a pesar de que se han perdido las fuentes (o no han existido). Si existió el Reino de Quito y fue tan importante como afirma Juan de Betanzos, ¿cómo es posible que no queden vestigios de ningún tipo? El historiador también afirmó que primero llegaron los quitus y después fueron conquistados por los caras, pero los conquistadores asumieron la lengua, las creencias y hasta el nombre de los conquistados. ¿Tiene esto algún sentido?
Uno a uno, Salazar va desmontando todos los mitos que se habían construido sobre el pasado de su país a pesar de no tener fundamento. Lo realmente excepcional es que lo hace con gracia. El autor mantiene siempre un punto de ironía en sus cuestionamientos, haciendo que la lectura no sea demasiado académica, siendo disfrutable también para los profanos a la arqueología.
Por si fuera poco, Ernesto Salazar dedica la parte final del libro a un tema que, a priori, tiene poco que ver con lo narrado en los capítulos anteriores, la búsqueda de tesoros fabulosos. Sin embargo consigue hilarlo porque la estructura es la misma: expone el mito y lo confronta con la realidad, apoyando en las pruebas arqueológicas o en la falta de ellas.
Por todo ello, y a pesar de que se carga por completo historias sobre las que, personalmente, me gustaba creer, es un libro muy recomendables para todos aquellos que deseen conocer la historia del Ecuador precolombino, más allá de las fábulas que siempre se han contado.

Para acabar, cuento las últimas noticias sobre el blog. Como muchos sabréis, con el cierre de Megaupload se han caído todos los links de descarga de libros que estaban creados. Pues bien, por fin, y gracias a la inestimable ayuda de Alfredo Baldeón, que se está implicando muchísimo en la revitalización de las descargas, muy pronto volverá a funcionar la Biblioteca de Autores Ecuatorianos, y con algunas novedades muy interesantes. De momento, y desde hoy, vuelven a funcionar los links que aparecen al final de algunas entradas. Estos llevarán a 4shared, donde se realizará la descarga. El formato de las descargas, de momento, es el que hemos podido recuperar, esto es, a veces será un pdf y otras un doc. Es uno de los puntos en los que estamos trabajando.
Seguiremos informando.
 

viernes, 10 de febrero de 2012

QUE TE PERDONE EL VIENTO - Eliécer Cárdenas


Título: Que te perdone el viento

Autor: Eliécer Cárdenas Espinosa (Cañar, Cañar, 1950)

Año de publicación: 1993

Edición: Libresa, colección BNE, segunda reimpresión, junio  1996

Páginas: 196, 11 capítulos

Cuando evoca las vertientes poéticas de “Polvo y Ceniza”, Eliécer Cárdenas reitera su amor por la leyenda viva de héroes carnales y concretos que, sin embargo, se han diluido en la conciencia de los ecuatorianos como mitos. Del mismo modo pausado, elegante y preciso con el que, en su momento, rescató la imagen de Naún Briones esta vez, en “Que te perdone el viento”, el diestro escritor azuayo convoca la memoria de dos ilustres figuras nacionales, separadas por la ideología y la política pero unidas, de manera distinta, en un mismo devenir histórico: el arzobispo Federico González Suárez y el general de la revolución liberal, Eloy Alfaro.



Tristemente ya estoy de regreso en Madrid. Acabó mi viaje por tierras ecuatorianas, un viaje que ha sido especialmente productivo para mí. Además vuelvo con una buena colección de libros a comentar en el futuro. Y no sólo cantidad. Si la calidad de los próximos se acerca siquiera mínimamente al que comentaré hoy, voy a ser muy feliz haciéndolo.
Hoy hablaré de “Que te perdone el viento”, de Eliécer Cárdenas. De este autor ya leí y comenté hace un tiempo la que es su obra más popular, “Polvo y Ceniza”. Y esa novela me dejó tan buen sabor de boca que me he resistido a leer alguna otra suya por miedo a que me decepcionase.
Me decidí por fin a leer esta, quizás por sentimentalismo. Me encontraba en Quito justo cuando se cumplía el centenario de la Hoguera Bárbara, el brutal asesinato de Eloy Alfaro, y quise leer algo de este personaje (próximamente comentaré otra obra dedicada al Viejo Luchador). Leí la contraportada de este libro y fui engañado por lo que me decía, aunque bendito engaño.
Vamos a ver, comenzaré diciendo que es falso que esta novela hable de dos de las figuras claves de la historia ecuatoriana, el presidente Eloy Alfaro y el arzobispo González Suárez. No sé si a ustedes les sugiere eso el texto que he copiado más arriba, pero a mí, sí. En realidad el protagonista absoluto es el arzobispo de Quito. Si bien es cierto que la novela parte de la noche de la Hoguera, durante toda la obra nos sumergimos en la vida de Federico González Suárez, desde su infancia humilde en las calles de Quito, luego como misionero jesuita en las selvas del oriente del país, su ordenación como sacerdote en Cuenca, su afán por escribir la obra definitiva sobre la historia del Ecuador, sus funciones como obispo de Ibarra y, por fin, como arzobispo de Quito y cabeza de la Iglesia en el país.
Alfaro aparece, por supuesto, pero casi como un fantasma cuya presencia tiene el fin de perturbar, de alguna manera, al protagonista.
La narración no es lineal, como podría esperarse en el autor. Eliécer Cárdenas juega con los recuerdos del arzobispo, con sus diarios, con sus reflexiones, con su vida, pero la estructura de la novela no está embarullada en absoluto. Siempre sabemos de qué está hablando, a qué personajes y a qué tiempos se refiere.
Otro logro de Cárdenas, que también encontramos en su momento en “Polvo y Ceniza”, es la intensidad con que el lector empatiza con el protagonista. Da igual que se trate de un bandido o de un miembro del clero (personalmente, no sé qué me da más miedo), una vez se llega al final he sentido la necesidad de saber más de él, de creer que todo lo que acabo de leer es rotundamente cierto, que no es literatura, que es historia.
Y aseguro que se trata de literatura, y de la mejor. Aunque en principio todo lo que se cuenta parte de la noche trágica del 28 de enero de 1912, cada capítulo toma un rumbo diferente y va a parar a un momento de la vida de González Suárez. Y cada capítulo está narrado de una forma distinta, con una voz y un estilo distinto. Y cada capítulo está construido de forma tan precisa, tan armoniosa, que es muy difícil quedarse con momentos puntuales.
Sin embargo, lo voy a hacer. Me voy a quedar con dos capítulos que me han parecido prodigiosos: “Las portaleras, madre”, donde se remite a su infancia y el personaje/autor reflexiona sobre la verdadera misericordia; y, sobre todo, “Un libro de oraciones”, donde el arzobispo se da cuenta de su derrota, después de dedicar años a investigar la historia de su país para poder conocer su alma, y, en una noche, por un acto de barbarie, entiende que nunca lo consiguió.
Por supuesto no puedo hacer otra cosa que recomendar fervientemente la lectura de esta novela, imprescindible en todos los sentidos. Nada falta, nada sobra, todo encaja.

Puntuación: 95/100

Posdata. Aunque no he podido leer tanto como hubiera deseado sobre Eloy Alfaro en esta obra, valga esta entrada como homenaje a su memoria. Y, aprovechando que su verdadero protagonista es un insigne historiador ecuatoriano, mi recuerdo también para otro, recientemente fallecido, don Jorge Salvador Lara, quien más me ha ayudado a conocer este país al que tanto amo.



lunes, 23 de enero de 2012

MEMORIAS DE LA PIVIHUARMI CUXIRIMAY OCLLO - Alicia Yánez Cossío


Título: Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo

Autor: Alicia Yánez Cossío (Quito, Pichincha, 1928)

Año de publicación: 2008

Edición: Manthra Editores, segunda edición, diciembre 2008

Páginas: 237

Con peculiar magia, Alicia Yánez Cossío recrea un ángulo perdido y rescatado de nuestra historia patria.
Prosa limpia y amena, investigación prolija del pasado, coraje y ternura, son suficientes aspectos como para insertarnos en un sistema de vida fascinante e inaudito, donde el poder conquistado con sangre y fiereza no siempre es sinónimo de victoria. Y el imperio incásico es la confirmación de ello.
Con esta nueva obra, Alicia Yánez ratifica su esplendidez narrativa.
Violeta Luna – Escritora

“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” es la cuarta novela histórica que brota de la pluma de Alicia Yánez y narra la vida de la hija de Huayna Capac, padre también de Atahualpa, que por tradición tenía que casarse con su hermano. Realizada la conquista que se salda con el asesinato de Atahualpa en manos del conquistador Francisco Pizarro, Cuxirimay Ocllo es codiciada por el asesino de su marido y se convierte en su esposa. Pero este no es el fin de la historia. Cuando a Pizarro le llega la muerte como consecuencia de la guerra civil entre Almagros y Pizarros, Cuxirimay Ocllo se casa con Juan de Betanzos, quien deja escrita para la posteridad lo que su esposa le relata de los increíbles acontecimientos de la conquista del Perú. Alicia Yánez rescata la historia de Betanzos y la convierte en una narración ágil y llena del colorido andino con la que resalta la personalidad de Cuxirimay Ocllo, a quien le tocó vivir uno de los momentos más extraordinarios de la historia de América.
Francesca Piana – Historiadora


Alicia Yánez Cossío, novelista de reconocido prestigio, ha dado a la literatura ecuatoriana numerosas novelas y ha logrado que cada una de ellas se convierta en un hito importante en su carrera de escritora.
“Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” se remonta a la época del imperio de los incas y se inicia cuando Huayna Capac celebra el nacimiento de una niña, concebida en Tocto Ocllo, y que estaría destinada a ser la pivihuarmi o esposa principal de un inca notable, en este caso, de su hermano Atahualpa.
Alicia Yánez recrea esta historia que es parte de la novela de la patria, valiéndose de narraciones que figuran en antiguos relatos y manuscritos que fecunda con la semilla de su imaginación, para reproducirlas en la rica y transparente prosa de su novela.
Claudio Mena Villamar – Miembro de la Acadermia Ecuatoriana de la Lengua


A la escritora quiteña Alicia Yánez Cossío le sobran las virtudes, entre ellas hay dos básicas: con sus novelas históricas reinagura un género en el país y nos pone a la altura de la modernidad europea.
En esta nueva novela llega una mujer indígena muy poco conocida para los ecuatorianos. Y llega para acercarnos en imagen y en sustancia a nuestros propios orígenes y al inicio del drama del mestizaje. Qué gran favor le debemos a Alicia.
Fernando Jurado Noboa - Historiador


Antes de comenzar el comentario de hoy debo explicar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir con la Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Es cierto que hace ya mucho que no la actualizo por problemas técnicos. No es sólo que escanear un libro me toma bastante tiempo, tiempo del que actualmente no dispongo. Además mi escáner no funciona demasiado bien y tendré que cambiar de equipo. Pero estos problemas ya los había mencionado con anterioridad. El problema actual está relacionado con los libros que ya estaban disponibles para la descarga, y ese problema se llama Megaupload.
Como ya sabrán, la semana pasada el FBI clausuró esta página de almacenamiento, página en la que estaban colgados todos los ejemplares de la Biblioteca.
De momento no puedo hacer nada pero, cuando regresa a España, buscaré los originales (si es que los encuentro) y los colgaré en algún otro directorio. Por ello, lamentablemente, esta Biblioteca de Autores Ecuatorianos queda en una inevitable pausa.
Ahora sí, puedo empezar el comentario de “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo”, de Alicia Yánez Cossío.
Esta es la segunda novela que comento de la autora quiteña y de nuevo se trata de una novela histórica. Si en “Sé que vienen a matarme” relataba la vida y la muerte del presidente Gabriel García Moreno, en la que hoy nos ocupa se centra en el personaje de Cuxirimay Ocllo, la que fue hermana y esposa del Inca Atahualpa, luego del conquistador Francisco Pizarro y, por último, del historiador Juan de Betanzos, quien escribió su famosa obra “La Suma y Narración de los incas” gracias a las historias que ella le contó.
En esta novela me ha pasado una cosa que no me ocurre con frecuencia. Al leer su resumen (tal y como aparece en los textos de la contraportada) se me generaron unas expectativas que no se han cumplido. Hace unos años leí la novela “Malinche”, de la escritora mexicana XXX. En ella la protagonista es la Malinche, una mujer perteneciente a la nobleza azteca que se alió con los conquistadores españoles, como intérprete y amante de Hernán Cortés, en el ocaso del imperio de Moctezuma II. Disfruté mucho la lectura de aquel libro, pues recreaba con minuciosidad aquellos hechos, justificando los actos de cada uno de los personajes.
Pensé que estas “Memorias de la Pivihuarmi Cuxirimay Ocllo” sería el equivalente con el Tahuantinsuyu, y no lo es.
En la mayor parte de este libro, digamos las tres cuartas partes, Cuxirimay no participa como protagonista, siendo una mera oyente de la historia. Nos encontramos con varios maestros que narran el pasado de los incas a la niña Cuxirimay. Primero su aya, la mitima Ninacuri, luego el shamán Kochu y, por último, su propia madre Tocto Ocllo, le cuentan las vidas de sus antecesores, sobre todo de los últimos Incas, Pachacutec, Tupac Yupanqui y su padre, Huayna Capac.
Estas historias están bien narradas pero no es nada que no hubiera leído antes en “El camino del Sol” de Jorge Carrera Andrade o “Atahualpa”, de Manuel Benjamín Carrión (sí varían ciertos acontecimientos, como los referidos al origen de Atahualpa, lo cual es normal existiendo tantas fuentes discrepantes).
Después las historias de los incas alcanzan el momento de la narración y Cuxirimay pasa a un discreto segundo plano. La autora cuenta la guerra entre Atahualpa y Huáscar y el desastre de Cajamarca casi como una historiadora y no es hasta el final, pero justo el final, cuando Cuxirimay regresa a contar la historia de su pueblo a Juan de Betanzos.
Podríamos decir que se trata de un libro de historia camuflado como novela, pero no sería justo.
La verdad es que, a pesar de que no era lo que esperaba, no he quedado decepcionado. La narración se mantiene fresca y ágil gracias a un eficiente uso de los diálogos. Cuxirimay interrumpe a sus maestros con preguntas, réplicas y reflexiones. La niña se siente atraída y espantada por los hechos de sus antepasados. Quizás se podría criticar que la mentalidad de muchos de los personajes no es propia de su época, siendo más del siglo XXI, pero supongo que es necesario para conseguir la empatía del lector. En definitiva, una novela interesante que da a conocer de manera muy amena unos momentos decisivos en la historia de América, el temido Pachakuti, el fin de los tiempos. 
Puntuación: 88/100

sábado, 14 de enero de 2012

DOCE RELATOS / LOS SANGURIMAS



Título: Doce relatos. Los Sangurimas


Autor: José de la Cuadra y Vargas (Guayaquil, Guayas, 1903; Guayaquil, Guayas, 1941)

Año de publicación: 1934 (novela)

Edición: Libresa, colección Antares, segunda edición, tercera reimpresión, marzo 2009

Páginas: 285, 12 cuentos y 1 novela

Los Doce relatos contenidos en este volumen evidencian la calidad literaria que hace que De la Cuadra sea considerado el gran maestro de los escritores del llamado «Grupo de Guayaquil»: su realismo, sin abandonar el tratamiento de temas campesinos característico de su generación, incorpora elementos urbanos que le dan un tinte distintivo.
La novela corta Los Sangurimas es reconocida como precursora del realismo mágico. Su estructura responde a la del matapalo, el árbol montuvio: Nicasio Sangurima es el robusto tronco del cual se desprenden ramas, vigorosas todas, pero muy diferentes entre sí: comerciante es un hijo, sacerdote otro, abogado uno más, coronel el predilecto. Pactos con el diablo, crímenes inconfesables, amancebamientos, amores trágicos, la mágica cotidianidad montuvia, constituyen el transfondo de esta gran obra, una de las más importantes de la narrativa ecuatoriana de todos los tiempos.

Al fin, con cierto retraso respecto a lo anunciado, publico una nueva entrada del blog.
Además, esta es una entrada muy especial. Primero, porque trata sobre una novela a la que tenía muchas ganas, “Los Sangurimas”, de José de la Cuadra, una obra que sienta un precedente de lo que se llamaría después Realismo Mágico, el ¿género?, ¿corriente literaria? que ha dado más gloria a la literatura en español del siglo XX (por lo menos ha dado la que para mí es la novela perfecta, “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez; ya no sé cuántas veces la habré leído). Y, segundo, porque escribo (y publico) estas líneas desde Quito, en el que es mi tercer viaje a las bellísimas tierras del Ecuador. Por supuesto estoy aprovechando el viaje para conocer aún mejor el país y para renovar mi biblioteca, por lo que espero que pueda actualizar el blog con más frecuencia en lo sucesivo.
Centrándonos en la obra que voy a comentar, la novela, al menos en la edición que he tenido el gusto de leer, viene acompañada por una selección de doce relatos publicados por el autor en diferentes libros. En concreto aparecen los siguientes:
De “Repisas”: El fin de la “Teresita” y Chumbote.
De “Horno”: Barraquera, Cólimes Jótel, Chichería, Olor de cacao, Banda de pueblo, Ayoras falsos y La Tigra.
De “Guásinton”: Guásinton y El santo nuevo.
Sin publicar: Galleros.
En la mayor parte de estos cuentos el autor se centra en el mundo del montuvio ecuatoriano, aquel habitante de las provincias de la costa que viven de espaldas al mar, trabajando y viviendo de lo que da la tierra (y pido perdón por esta definición tan imprecisa y, acaso, incorrecta).
Todos estos cuentos están escritos con corazón. José de la Cuadra conoce al personaje y sus vicisitudes, por lo que es capaz de recrear el habla característica y el ambiente de forma excepcional. Con una gran economía del lenguaje (no se pierde en descripciones detalladas) consigue incorporar al lector al relato de un modo muy natural.
Sin embargo a mí no han conseguido entusiasmarme. Y el problema es mío, eso lo tengo claro.
Cuando yo pienso en cuentos, pienso en Borges, en Cortázar, en Monterroso,… De un relato espero que el autor me engañe, que me muestre una historia completa a pesar de su brevedad, con principio y final, que juegue con la realidad y con mi inteligencia. Por todo ello tengo un problema con los relatos costumbristas. No me basta con conocer retazos de la vida de algún personaje, por muy bien que esté construido; quiero que se le presenten situaciones que lo pongan a prueba, a él y a mí como lector, y eso no lo encuentro aquí.
Otra cosa muy diferente es la novela.
“Los Sangurimas” es una novela corta centrada en una familia de hacendados montuvios, la familia Sangurima.
La estructura de la novela puede ser similar a la de una colección de relatos cortos, ligados por una historia común. En fragmentos dispares en cuanto a la longitud, nunca demasiado largos, se narra la vida de los componentes de esta familia, desde que se levanta la hacienda “La Hondura”, hasta el acontecimiento que provoca su final.
“Los Sangurimas” me ha parecido una novela excelente que ha conseguido absorberme por completo. Tal vez sea porque el autor ha conseguido salpicar su narración con momentos extraordinarios (pactos con el diablo incluidos), además de por la creación de un personaje maravilloso, el patriarca don Nicasio Sangurima.
Este es el personaje central de la novela, el que levanta y mantiene la hacienda y el que, por su posición, desencadena su perdición. Es personaje muy rico en matices, que consigue despertar simultáneamente la empatía y la repugnancia del lector. Cada frase que pronuncia es una sentencia, pero no por eso cae en el estereotipo.
Para finalizar, aunque he disfrutado con algunos de los relatos seleccionados (me quedo con “La Tigra”, “Guásinton” y “El santo nuevo”) creo que la nota será más objetiva si puntúo sólo la novela.

Puntuación: 87/100

Posdata. Aunque tengo bastante claro cuál va a ser la próxima obra que comente he decidido no adelantarme, por lo que pudiera pasar. Sí voy a aprovechar para hacer un llamamiento a mis lectores ecuatorianos. Estoy buscando algo (una novela, un cuento, un ensayo, una biografía,...) que esté centrado en la figura de Rumiñahui. Hasta ahora mi búsqueda ha sido infructuosa. Por ello, si alguien me puede recomendar un título se lo agradecería mucho.

miércoles, 13 de julio de 2011

REGRESO

Por fin, ha llegado el momento de regresar.
Lo primero de todo, debo pedir perdón por el año en blanco. Han sido unos meses complicados en mi vida que me han restado fuerzas y tiempo para continuar con este proyecto. De hecho si estoy retomándolo ahora es gracias a vosotros, a todos los que habéis dejado vuestros comentarios en el blog felicitándome por él y animándome a continuar. Siento no haber respondido hasta ahora y esa será mi primera tarea, contestaros a todos (a excepción de aquellos que aún creen que esta es una página de trabajos escolares; me tendría que repetir en exceso).
Por razones personales sigo sin disponer de tanto tiempo libre como me gustaría, por lo que en esta nueva etapa del blog no podré garantizar una periodicidad en la actualización del mismo (y mucho menos en el escaneo de los libros; esos ya son problemas técnicos derivados de que mi escáner es una castaña).
La primera entrada que colgaré, en cuanto la tenga redactada, será la de Ciudad sin Ángel, de Jorge Enrique Adoum (tengo pendiente Pájara la memoria, de Iván Egüez, pero la aplazo indefinidamente).
Lo dicho. Muchas gracias a todos y bienvenidos de nuevo.

martes, 17 de agosto de 2010

PORQUÉ SE FUERON LAS GARZAS - Gustavo Alfredo Jácome

La de hoy es una entrada atípica. Como habréis visto no hay imagen de la portada del libro ni aparecen los datos que habitualmente incluyo. No es que haya decidido cambiar el formato de los artículos, es que este ha nacido bajo los dedos de Erick, uno de los amigos que comenta en esta página, con quien espero seguir colaborando en el futuro. 
Erick tiene un blog excelente en el que publica comentarios de sus lecturas. Algo parecido a lo que pretendo hacer aquí aunque sin ceñirse a un tipo de literatura en concreto. Desde aquí quiero animarle pues recién está comenzando.
Dejo el enlace del artículo correspondiente a “Porqué se fueron las garzas”, de Gustavo Alfredo Jácome, y os recomiendo que visitéis su página.



Espero que esta no sea la última vez que publico un artículo semejante. Os animo a todos los que queráis participar en la causa que es dar a conocer al mundo entero la literatura hecha en el Ecuador a que me enviéis enlaces a vuestras páginas o bien artículos completos, que yo me comprometo a publicarlos todos. No sólo eso. Si tenéis un libro digitalizado que os gustaría que comente, enviádmelo también. Lo leeré y publicaré su artículo correspondiente tan rápido como pueda. Mi correo es freddytumbalobos@yahoo.es
Aprovecho esta mini-entrada para recordar que ya tengo cuenta de Twitter. En ella iré comentando todo lo relacionado a este blog. En la columna de la derecha, por debajo del listado de etiquetas, podréis ver todos los comentarios que voy dejando.

lunes, 9 de agosto de 2010

RECOMENDACIONES

Apreciados lectores, hoy no voy a comentar la obra de ningún autor ecuatoriano. Hoy, para variar, voy a reclamarles ayuda.
Por favor, no se me asusten. No voy a empezar a pedir donaciones de ningún tipo para mantener el blog abierto. Creo que desde el principio ha quedado claro que no abrí este blog con ánimo de lucro (no obstante, si alguno de ustedes siente curiosidad por pinchar en alguno de los anuncios que aparecen después de cada entrada, no se prive, no pienso impedírselo).
La ayuda que quiero solicitarles es de otro tipo. Verán, como ya he mencionado en alguna ocasión, yo resido en España. Aquí es muy difícil conseguir obras de autores ecuatorianos (pero muy, muy difícil), de manera que las que aquí comento las tengo que pedir por catálogo. Aún me quedan unas cuantas del último pedido, pero ya tengo que empezar a componer el próximo. Y aquí es donde les necesito, amables lectores.
Como ya he dicho en infinidad de ocasiones la principal razón que me movió para crear esta página es la de dar a conocer al mundo entero la riqueza de las letras escritas en el Ecuador. Y dentro del mundo entero también estoy yo.
Si este blog versara sobre autores españoles no me costaría nada seleccionar setecientas obras. A fin de cuentas tanto en primaria como en el bachillerato he podido conocer multitud de novelas. No sólo eso. Si quisiera dedicarlo exclusivamente a autores recientes tampoco me supondría ningún esfuerzo. Un simple paseo por cualquier librería de Madrid me bastaría para conseguir un cerro de novelas que comentar. Por supuesto con la literatura ecuatoriana no tengo esa facilidad.
Por poner un ejemplo que se ha podido ver en esta misma página. Hace poco más de un año estuve en una librería en Quito comprando obras de autores ecuatorianos. De entre los millares de libros que se exponían me costó mucho seleccionar unos cuantos. Conocía a pocos autores y no quería arriesgarme a comprar una novela de un autor que no fuera nacional o que directamente fuera basura. Me fui a lo seguro: a Abdón Ubidia, a Benjamín Carrión, a Eliécer Cárdenas,… Sin embargo pensé que no era buena forma de conocer la literatura de un país el leer siempre las obras de los mismos autores. Así pues me animé a comprar también una novela cuyo título y cuyo autor desconocía por completo. Me refiero, como alguno ya habrá adivinado, a “El éxodo de Yangana”, de Ángel F. Rojas.
Para mí esta novela fue todo un descubrimiento. Pueden ver que es uno de los títulos mejor valorados de todo el blog. Posteriormente, en los comentarios que muchos amigos dejaron en el artículo, supe que esa obra no era en absoluto desconocida en Ecuador. Hasta los escolares la conocen, pues aparece en sus libros de texto como una de las máximas referencias de la literatura ecuatoriana y latinoamericana del siglo XX.
Eso me ha hecho reflexionar. ¿Cuántas joyas se me estarán escapando por no conocerlas?
Ahora que compro los libros por Internet la dificultad es mayor. Ya no puede darse la casualidad de que adquiera un libro semejante al azar. Para comprar utilizo el buscador de la página, y no puedo buscar lo que ni siquiera conozco. En el último pedido, por ejemplo, tuve que recurrir a la Wikipedia para que me aconsejara títulos. De no hacerlo así me vería leyendo una y otra vez a los mismos autores.
Por eso les pido su ayuda. Les ruego que me recomienden libros para que luego los comente en esta página. Estoy seguro de que sus ideas serán muy valiosas, por lo que pienso tenerlas todas en cuenta.
Eso sí, recuerden un par de condiciones. Los libros que me sugieran han de ser de autores nacidos en Ecuador (me da igual si las obras fueron publicadas en el exterior) y que se han de tratar de narrativa (novelas, colecciones de cuentos o incluso algún ensayo). No se trata de capricho, es que no me veo capacitado para comentar poesía o teatro. No es mi campo.
Eso es todo lo que quería decir. Utilicen los comentarios de esta entrada para hacerme llegar sus recomendaciones (si así lo desean; si lo prefieren pueden hacerlo desde cualquier otra entrada o bien enviármelo a mi correo personal: freddytumbalobos@yahoo.es ). No hay ningún plazo de tiempo. Si me hacen una recomendación después de cerrar mi próximo pedido la tendré en cuenta para el siguiente.
Y recuerden. Para el sábado 4 de septiembre volveré al ritmo habitual de publicación con “Pájara la memoria”, de Iván Égüez.

martes, 20 de julio de 2010

UN HOMBRE MUERTO A PUNTAPIÉS - Pablo Palacio

Título: Un hombre muerto a puntapiés

Autor: Pablo Arturo Palacio Suárez (Loja, Loja, 1906; Guayaquil, Guayas, 1947)

Año de publicación: 1927

Edición: (Como Obras Completas) Libresa, colección Antares,segunda edición, agosto 1998

Páginas: 62, 9 cuentos

Pablo Palacio es uno de los fundadores de la vanguardia en el Ecuador y América Latina, y un adelantado en cuanto a estructuras y contenidos narrativos. A partir de los setenta del siglo anterior, su obra entra en un proceso de recuperación y relectura como el que realiza la española María del Carmen Fernández para estas Obras completas.
En este libro el lector podrá encontrar, además de toda la obra narrativa de Palacio de la que se tiene noticia, los poemas que publicó, sus escritos de divulgación filosófica y artículos de actualidad política, en una de las aportaciones más lúcidas de la literatura ecuatoriana.

Por supuesto tengo que comenzar esta entrada pidiendo perdón a todos aquellos lectores que hayan estado esperando desde el día 3 de julio la publicación de este artículo. Estas son unas fechas complicadas, llegan las vacaciones y paradójicamente se dispone de menos tiempo libre. Lo cierto es que lo justo hubiera sido haber publicado una nota para anunciar que me iba a retrasar, cosa que no he hecho. Por ello aparco las excusas y les pido humildemente disculpas.

Ahora sí, me pongo a hablar del libro que toca.
Entre los libros que tengo pendientes de leer (y de comentar), poseo uno que contiene las obras completas del autor Pablo Palacio. Llevo un tiempo pensando cómo iba a presentarlo, si en un sólo artículo en el que hable de todos sus textos aunque sea más largo de lo que vienen siendo los artículos corrientes, o bien hacerlo en varios artículos, comentando cada una de las obras por separado. Finalmente he optado por la segunda idea. Por ello empezaré con el que es considerado como uno de las más importantes colecciones de cuentos publicadas en Ecuador, referenciada en libros de texto de literatura nacional: “Un hombre muerto a puntapiés”.
Voy a retomar lo que dije hace un par de semanas (¿cómo?, ¿qué ya ha pasado más de un mes?), cuando comentaba “Memorial de amores”, la selección de relatos de Raúl Vallejo. En aquel caso hablé de las cosas que yo esperaba al leer un cuento, sea cual sea el autor o el género. Dije que para mí era fundamental que se respetara la economía en el uso del lenguaje y que la historia fuera completa, con una estructura bien definida que no te deje a medias. Pues precisamente eso es lo que he encontrado en este libro.
“Un hombre muerto a puntapiés” es un extraordinario ejemplo del tipo de narrativa a la que me refiero, aderezada, eso sí, con un ingrediente que, cuando se sabe emplear, hace que todo texto mejore exponencialmente: el sentido del humor.
Cada uno de los cuentos que Pablo Palacio presenta en este libro está cargado de grandes dosis de humor. Pero no es un humor fácil, apoyado en juegos de palabras sin sustancia o en situaciones equívocas. No. Se trata de un humor negro, corrosivo e incisivo. El narrador no tiene contemplaciones a la hora de describir las situaciones más grotescas con la mayor naturalidad. Y que nadie piense por ello que el mal gusto campa a sus anchas por las páginas de esta obra, porque no es así. La maestría que luce el autor en este relato es que no pierde la sutileza en sus palabras en ningún momento, sea lo que sea que esté contando.
No es algo que suela hacer habitualmente, pero quiero añadir ahora un aperitivo en la forma de un fragmento que he extraído del cuento con el título “El antropófago”.

Al principio le prescribieron dieta: legumbres y nada más que legumbres; pero había sido de ver la gresca armada. Los vigilantes creyeron que iba a romper los hierros y comérselos a toditos. ¡Y se lo merecían los muy crueles! ¡Ponérseles en la cabeza el martirizar de tal manera a un hombre habituado a servirse de viandas sabrosas! No, esto no le cabe a nadie. Carne habían de darle, sin remedio, y cruda.

Mencionaré que este cuento habla de un hombre al que tienen encerrado porque intentó devorar a su propio hijo, en lo que sería una versión libre y local del mito de Cronos. Este detalle sirve para entender el funcionamiento de muchos de los relatos de Palacio. A menudo parte de una referencia externa, como puede ser la mitología grecorromana en este caso o incluso una nota aparecida en la sección de sucesos de un diario, como ocurre en el cuento que da nombre a la colección, para integrarla en su particular cosmos y convertirla en lo que es, una muestra de una literatura muy personal, diferente en todos sus aspectos con lo que se estaba escribiendo en el país de su tiempo.
De entre todos los cuentos que componen “Un hombre muerto a puntapiés” voy a quedarme con uno que me parece excepcional. Me refiero al titulado “La doble y única mujer”. Es la historia de unas hermanas siamesas de las que sólo una tiene consciencia, aún cuando es consciencia compuesta. Está narrado en primera persona del singular y del plural simultáneamente. El cuento, que podría haber resultado sórdido o extremadamente confuso escrito por otras manos, es de una belleza trágica que difícilmente puede ser expresada con palabras.
Si algo hay que pueda señalar como un punto débil es que, a diferencia de lo que ocurría con los cuentos de Raúl Vallejo, en los de Palacio no se retrata la sociedad de su época. Con ello quiero decir que sabemos que cada uno de estos relatos está ambientado en Ecuador por la nacionalidad del autor y por pequeñas pistas que deja de vez en cuando. Aparte de ello podrían ocurrir igual en París que en Tokio.
Voy a cerrar este artículo recomendando con fervor la lectura de estos cuentos. Son de los mejores que he podido leer desde hace mucho.

Puntuación: 92/100

Posdata. Durante lo que queda de julio y todo el mes de agosto voy a hacer una parada. La aprovecharé para coger fuerzas y para intentar ponerme al día con la biblioteca de autores ecuatorianos, proyecto que tengo muy retrasado. En septiembre regresaré comentando “Pájara la memoria”, de Iván Égüez. Hasta entonces, feliz verano a todos.

sábado, 19 de junio de 2010

MEMORIAL DE AMORES - Raúl Vallejo

Título: Memorial de amores

Autor: César Raúl Enrique Vallejo Corral (Manta, Manabí, 1959)

Año de publicación: 2004

Edición: Casa de la cultura ecuatoriana Benjamín Carrión, colección Cuarto Creciente, 1ª edición, 2004

Páginas: 116, 13 cuentos

La obra cuentística de RAÚL VALLEJO ha logrado lo que es importante en todo artista: un sello estilístico. Sus cuentos son reconocibles por esa sobriedad de elementos y por una calidad uniforme donde se percibe el trabajo disciplinado, constante, profesional. Frente a sus lectores va acumulando puntos de manera invariable y no deberá ser juzgado por uno que otro cuento, sino por la construcción paulatina, sin prisa pero sin pausa, de una narrativa minuciosa, bien estructurada, que en el tiempo se convierte en un mosaico de situaciones y personajes imprescindibles.
IVÁN ÉGÜEZ

Después de tanto tiempo vamos a volver, durante algunas semanas, al género cuentístico. Y nada mejor para ello que comenzar con “Memorial de amores”, de Raúl Vallejo.
Lo primero que debo hacer es una advertencia. Si alguien busca este libro en la bibliografía del autor es más que posible que no pueda localizarlo. La razón es que “Memorial de amores” no es uno de los libros de relatos canónicos publicados por Vallejo sino una selección de algunos de los cuentos publicados anteriormente (me resulta tranquilizador pensar que el título de esta colección no lo ha puesto el mismo autor; me resulta de lo más inapropiado). Los cuentos que aparecen en la obra han sido extraídos de los siguientes libros:
Daguerrotipo (1978)
Máscaras para un concierto (1986)
Sólo de palabras (1988)
Fiesta de solitarios (1992)
Acoso textual (1999)
Huellas de amor eterno (2000)
Quizás se pueda considerar entonces que esta crítica es injusta ya que no se centra en una obra concreta, donde los relatos, aún siendo independientes, mantienen un orden y una unidad, sino que estoy comentando en general la trayectoria del autor a través de los años. Por otro lado es muy difícil que alguien llegue a esta entrada poniendo el título en Google, así que serán pocas las visitas que reciba. Eso me tranquiliza.
El título de este libro me hizo pensar que se ha elaborado tomando los cuentos de temática amorosa aparecidos en las obras antes enumeradas. Después de leído la sensación que me queda es otra. Desde luego que el amor está siempre presente en alguna de sus manifestaciones, pero no tiene por qué ser el núcleo central de todos los relatos. Tenemos alguna muestra de lo que podríamos llamar amor a la distancia (distancia emocional o temporal más que física), como el cuento titulado “Los borradores de Adriana Piel”. También nos habla del Gran Amor Que Nunca Fue, como en el cuento que cierra la obra, el magnífico “Los Viudos de Gloria Vidal”; del amor profundo disfrazado de enfermizo, aquel en el que por amor podemos llegar a matar al ser amado (ahora estoy pensando en el cuento titulado “Volverán las oscuras golondrinas”).
Personalmente vería más acertado que esta colección se llamara “Memorial de soledades”, pues es en este sentimiento, inseparable del amor, en el que el autor profundiza más y de formas más distintas.
Entre todos estos relatos aparece también algún experimento que no ha envejecido nada bien. Me refiero al titulado “am@ntes.virtuales.com”, donde se transcribe una sesión de cibersexo a través de un canal IRC de chat. En el año 2000 pudo resultar osado pero hoy en día no escandalizaría a nadie.
Antes de entrar a valorar “Memorial de amores” quiero detenerme a exponer mi opinión sobre el género. Para mí un cuento bien escrito es la forma más pura en la que se presenta la narrativa. Es grano sin paja, necesidad sin contingencia. Una vez leí una respuesta que dio Jorge Luis Borges a un periodista que quería saber por qué no escribía novelas. Borges contestó (y estoy escribiendo de memoria; pido perdón si la cita es del todo inexacta): “Coge cualquier novela, quítale los adverbios y los adjetivos y lo que te quedará es un cuento mío”.
Siempre que leo un cuento busco dos cosas: la primera, que sea narrativa en esencia, que no sobre ni falte una palabra; la segunda, como recomendaba Poe, que acabe con un terremoto. Es por eso que siento devoción por gente como Borges o Cortázar.
Por otro lado veo otra forma de escribir cuentos que no respeta ni la economía de palabras ni la necesidad de un clímax final. Pueden ser relatos solventes y bien escritos, cuya finalidad es ahondar en los conflictos del ser humano y en su relación con sus semejantes. A este tipo se circunscriben los relatos de Raúl Vallejo.
Este autor tiene una gran destreza narrativa y un pulso que hace imposible abandonar cada una de sus historias antes del final. La lectura es ágil, los temas profundos y los personajes interesantes. Y, sin embargo, me queda la sensación de que sólo estoy viendo trozos de historias mayores. Seguro que eso es precisamente lo que busca el autor, que pretende asemejar sus cuentos a la vida, que en realidad está compuesta por un cúmulo de historias menores, pero yo echo de menos mi terremoto.
A quien esto no le importe le sugiero que sume quince puntos a la nota final.

Puntuación: 71/100

Posdata. A partir de la próxima entrada me voy a dedicar a profundizar en la obra completa de Pablo Palacios. Comenzaré con “Un hombre muerto a puntapiés”.